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Misa y Fiesta Patonal de la Congregación María Rosa Mística.

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Misa y Fiesta Patonal de la Congregación María Rosa Mística.
ICAB – Misión Argentina
Monseñor Gustavo Gabucci
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Misa de Pentecostés – ICAB

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Misa de Pentecostés 2013
Instituto María Rosa Mística – Buenos Aires
ICAB – Católica Brasileña – Misión Argentina
Monseñor Gustavo Gabucci

 

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Diálogo con Iglesias Nacionales

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DIÁLOGO CON IGLESIAS NACIONALES
Conducción Monseñor Gustavo Gabucci
Instituto María Rosa Mística
ICAB – Misión Argentina
Católica Nacional

 

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Amor y deseo.

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“Amó tanto Dios al mundo, que no paró hasta dar a su Hijo unigénito a fin de que todos los que crean en él no perezcan sino que vivan la vida eterna”.
“Lo que ha nacido de la carne, carne es, más que lo ha nacido del espíritu es espíritu o espiritual”.
(San Juan 3, 16 y 6)

Por Daniel do Campo Spada

jamut.jpeg Con respecto al amor, podemos enredarnos en confusiones propias del lenguaje. Más de un estudioso ha coincidido con la idea que el lenguaje es un gran estafador de la realidad. Muchas veces una palabra nos remite a otra. Por ejemplo en el castellano moderno llamamos “hacer el amor” a mantener relaciones carnales. ¿Esto solo es el amor?
La literatura nos ha llevado a parcializar la concepción de amor al que se siente en situación de pareja, hacia el otro en función de una unión amorosa. Cuando llegan las fechas alegóricas de los días de los progenitores las publicidades nos inundan con frases ingeniosas que incluyen “el amor de una madre” o “no hay como el amor de un padre”. Fuera de allí parece que no hubiera más aplicaciones posibles. Pocas veces ocupa el primer lugar el amor a los otros.
Los que somos padres, ¿somos capaces de entregar a nuestros hijos por amor a alguien más? No hace falta que me escriba con su respuesta porque la imagino. Incluso, la “propiedad de los hijos” es un tema que requiere párrafos propios. Bueno, aunque nos parezca imposible ello hizo Dios por nosotros. ¿Con qué necesidad?
Se me ocurre una explicación concentrada en la línea del Evangelio de Juan con el que abrimos. “Por amor a nosotros”, sería la respuesta más adecuada. Jesús vino y se entregó a una vida terrena, con todo lo que ella tiene de miserable, para dejarnos sus enseñanzas, que aún veinte siglos después seguimos aprendiendo. Analizando los hechos, a la palabra amor podríamos agregarle un significado: entrega. Inmediatamente debemos remitirnos a los miles de hermanos y hermanas que sacrifican su vida, que podría ser distinta, al cuidado de enfermos olvidados, de ancianos sin protección, de la alfabetización y otro innumerable rosario de acciones que trasuntan ello: amor.
¿Qué pasa con el deseo sexual? ¿Es amor? La cultura audiovisual en la que vivimos ha incrementado el deseo por una de las necesidades fisiológicas de los humanos que es el impulso reproductivo. No es un espacio para explayarnos en esta temática, pero sí es cierto que el gran desarrollo del deseo carnal se da en la mente, a punto tal que cuando muchas relaciones sexuales son reales en los cuerpos, pero distintas en las mentes de sus amantes. El placer dura un rato, pero lejos está de la felicidad cuando estas prácticas requieren cada vez una vuelta más de tuerca en la psiquis. Relaciones admitidas por nuestros mandatos culturales parecen no alcanzar en una mente que cada vez pide más y no es extraño que esa espiral termine por crear patologías cada vez más extremas, a punto tal que han comenzado a crearse clínicas de recuperación por la adicción al sexo.
La Palabra y entregarse a la protección de Dios es un camino de recuperación, incluso para un beneficioso uso de la actividad sexual.

Febrero 2009-02-05
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