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CATÓLICOS APOSTÓLICOS NACIONALES – Misa | Celebración de fin de año en la Congregación María Rosa Mística – ICAB Misión Argentina

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DIÁLOGO CON IGLESIAS NACIONALES
MISA FINAL 2014 | 20 de dICiembre de 2014 Leer el resto de esta entrada »

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Educación Católica II. La posición de la Congregación para la educación Católica.

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“Es útil subrayar que la contribución peculiar que los educadores laicos pueden aportar al camino formativo, brota justamente de su índole secular, que los hace particularmente capaces de captar ´los signos de los tiempos´1. Ellos, en efecto, viviendo su fe en las condiciones ordinarias de la familia y la sociedad, pueden ayudar a la entera comunidad educativa a distinguir con más precisión los valores evangélicos y los contravalores que estos signos encierran”. (Congregación para Educación Católica. “Educar juntos en la Escuela Católica”. Buenos Aires. San Pablo. Párrafo 31).

Por Daniel do Campo Spada

foto_escuela.jpg Quienes tenemos la bendición de poder ser educadores, debemos estar conscientes de los crucial de la misión educativa. Tenemos la responsabilidad de transmitir no solo nuestra ciencia (asignatura), sino también nuestros valores y, lo más importante, nuestro ejemplo. Al transitar un aula, ya sea como alumnos o docentes, vemos que hay una cierta “observación” sobre la persona de quien es el responsable de la conducción grupal. Los contenidos corren por un lado institucionalmente visible, pero hay otro espacio que es el de ver en ese adulto a un modelo. Aún en este presente de jóvenes posmodernizados por los medios, hay una indagación de lo que ese profesor es fuera del aula.
En las escuelas católicas, los profesores no integrantes del clero, para llamarlo de alguna manera, representamos un modelo que encarnarán la mayoría de nuestros alumnos, a menos que Dios los llame al servicio ministerial. Por eso, es un mundo secularizado les llama la atención cuando se enteran que uno disfruta del silencio, de la oración, de la misa. El discurso que reciben es generalmente el contrario y, lamentablemente, lo que debiera ser común se convierte en extraño.
Los retornos de las vacaciones o de los fines de semana largo son un momento de confraternidad en el que los alumnos están ávidos de saber cómo uno ha pasado ese descanso. En medio de un grupo que se sorprende que uno no haya ido a una playa estridente sino a reposar espiritualmente en el silencio de un Monasterio, surgen algunos que luego, casi como en un acto íntimo le preguntan: “¿Desde que edad se puede ir a esos lugares?”.
La Providencia obra maravillas y si estamos entregados en la confianza de que el mensaje llega más lejos que nuestras propias ilusiones, veremos surgir alumnos que de entre la maraña de exámenes, libros, notas y otras cuestiones institucionales llegan a preguntar: “Tengo ganas de leer algo de Dios, profe. ¿Me puede recomendar algo?”.
Los laicos tenemos un espacio al lado de nuestros sacerdotes, desde lugares distintos claro está, pero no por ello menos importantes. A muchos jóvenes lo institucionalizado les genera cierta distancia. Es propio de la edad y la psicología ha avanzado mucho en ello. En ese “off” del rol docente se abre un lugar propicio para el mensaje de Cristo.
Cierro este espacio contando una anécdota personal en un Instituto de nivel medio en el que en una oportunidad le pidieron a los docentes que les habláramos de la Pascua. Había un instructivo del tema, pero confiando en que Dios ponga en mi cabeza “lo que tengo que decir”, me limité a dar testimonio de mi devenir de creyente. Cómo ciertas etapas de la vida y de la historia argentina me habían alejado de la Iglesia-Institución, y como luego de hechos providenciales (porque aquí no existe la casualidad) retorné con un gran fervor al seno de la misma. El hecho de haberme educado en colegios estatales laicos y el haber admitido mis momentos de duda dejó en el grupo un impacto que me hicieron saber. Dicho de otra forma se sintieron identificados con otra imagen de cristiano. Lamentablemente no me lo pidieron en otra oportunidad, pero no desperdicio las clases comunes para llevar a cabo esos momentos en los que Jesús es el tema. En definitiva, siempre estuve convencido que si el destino me había puesto al frente de un curso, debe ser por algo más que explicar mi ciencia (periodismo y comunicación). En el gran tablero de Dios, quizás deba pasar alguien (o a lo mejor ya pasó) que necesita escuchar algo que El ponga en mi boca aunque a lo mejor ni lo imagine o me haya dado cuenta.
Por ello, como se expresa en el mismo documento2 “…la misión compartida es enriquecida por la diferencias de que son portadoras las personas consagradas y los laicos, cuando convergen en la unidad de expresiones de los diferentes carismas. Estos carismas no son otra cosa que los diferentes dones con los que el mismo Espíritu enriquece la Iglesia y el mundo.”

ABRIL 2009-04-10
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